14 de agosto de 2013

Cuando Asturias atacó al Imperio Romano

La Carisa, cuando Asturias atacó al Imperio

Los arqueólogos ven indicios de un gran choque militar durante la romanización en la vía Carisa.

El enclave, a 1.700 metros de altitud, pudo ser el escenario de los enfrentamientos de la rebelión astur contra Roma, a la que obligaron a sofocar su resistencia con un ejército de 5.000 hombres

Los guerreros astures esperaban, ocultos en las montañas, a que llegara la hora de vengarse de la crueldad del legado de Augusto, Publio Carisio. No les importaba ser menos organizados, llevar peores armas ni estar menos protegidos. Sólo tenían como objetivo parar el avance hasta entonces implacable de las tropas romanas. Y llegó el momento: en el año 22 antes de Cristo. Los astures dejaron que los romanos entraran confiados en el campamento de Curriel.los y atacaron donde más les podía doler: cortando el avituallamiento que cruzaba la Vía Carisa (en la cumbre entre los concejos de Aller y Lena). Empezó así, a más de 1.700 metros de altitud, el levantamiento de unos rebeldes que pusieron en jaque a la fuerza más perfecta que se había visto hasta el momento: el ejército romano. Poca gente habla con tanta pasión sobre el enclave como lo hacen el teniente coronel del Ejército de Tierra Francisco Jiménez Moyano, experto en material bélico y estudioso de la Carisa, y el arqueólogo Jorge Camino, responsable de la campaña de excavaciones que sacó a la luz el campamento romano de Curriel.los. Son expertos, no dan nada por seguro pero, tras una charla con ellos, es fácil imaginar cómo el arrojo del pueblo astur consiguió menguar la confianza de los legionarios.
Los romanos no estaban preparados para que los guerreros de las tribus astures asediaran el campamento. Pero ocurrió. Tras cortar el avituallamiento en la Vía Carisa, hubo emboscadas a comerciantes y también varios cuerpo a cuerpo entre ambos bandos. La legión ganaba en las distancias cortas, porque los soldados eran ordenados y se defendían formando una línea perfecta que se convertía en una autentica máquina de matar hombres. Los astures luchaban con una espada simple y, habitualmente, únicamente protegidos por un refuerzo de lino en sus precarios trajes. Como era de esperar, los guerreros llevaron las de perder.
Los primeros enfrentamientos se saldaron con pocas bajas en la legión, pero fueron suficientes para alertar a los mandos. Publio Carisio, legado de Augusto en el frente astur, ordenó llevar refuerzos a Curriel.los. La capacidad del campamento aumentó de un manípulo (180 legionarios) a una cohorte (540 legionarios). Romanos y astures se retiraban en invierno, porque las ocupaciones en alta montaña se destinaban únicamente al verano, y volvían cada temporada estival a verse las caras. Cortos descansos para un duro enfrentamiento.

La primera ampliación devolvió la confianza a los romanos, que retornaron con el verano sintiéndose fuertes. No sabían que todo acababa de empezar y que estaban minusvalorando la capacidad de los astures. Una cohorte tampoco fue suficiente para que los guerreros se olvidaran de asediar la Carisa. Continuaron vigilando el campamento, aunque ahora el cuerpo a cuerpo era más difícil y los guerreros atacaban a distancia: con lanzamiento de piedras, con espadas y con primitivas lanzas.
Siguieron los asedios, las emboscadas y los romanos continuaron creciendo para mostrar opulencia y derrotar al enemigo. Ampliaron el campamento en cuatro fases y Curriel.los llegó a tener espacio para más de 5.000 hombres. La fortificación, que había comenzado como un puesto de vigilancia para 180 legionarios, se convirtió en un campamento de más de cinco hectáreas y un muro infranqueable para los aguerridos astures.
Las barreras físicas de la construcción, con una fosa cuádruple para evitar visitantes inesperados, no eran menos fuertes que lo que esperaba dentro. De los 5.000 hombres que estaban aguardando por el enfrentamiento con los astures, más de la mitad habían recibido una formación militar de un lustro de duración. Otros eran auxiliares, con distintas técnicas muy perfeccionadas, que se habían aliado con el ejército romano después de que los conquistaran.
Los astures sumaban 15.000 hombres, así que ganaban en número y en arrojo, que no en organización. Finalmente, como ha ocurrido en casi todos los enfrentamientos bélicos de la Historia, venció la perfección de la organización que exhibieron los romanos. El teniente coronel Francisco Jiménez Moyano asegura que el refuerzo de Curriel.los fue una respuesta a la prisa que tenían los mandos de Roma, hartos ya de la larga y dolorosa guerra en Hispania, para terminar con la rebelión de los astures. Sólo una gran batalla era la solución para que los astures dejaran de intentarlo.
La venganza romana tras el asedio fue cruel. El campamento de Curriel.los, después de las cuatro ampliaciones, se convirtió en un ejemplo de la perfecta estrategia militar de las legiones. La fortificación estaba construida en desnivel y tenía cuatro alturas, entre las que se repartían las diferentes armas para el ataque.
En la primera planta estaba el «pilum catapultarium», una catapulta que disparaba lanzas a 200 metros. Algunos guerreros sobrevivían a esta primera ofensiva, pero quedaba mucho para llegar al campamento: en el siguiente nivel, un grupo de expertos honderos, procedentes de tribus conquistadas, lanzaba proyectiles de metal. Para frenar a los pocos que sobrevivieron, los romanos esperaron en las partes más bajas del campamento lanzando pilum (la espada romana) y dispuestos para un cuerpo a cuerpo. Había niños astures entre los combatientes y la mayoría cayeron muertos a cien metros de Curriel.los. Los cuerpos de los guerreros quedaron en el campo de batalla. El mejor testigo de la rendición astur.
Las guerras astur-cántabras dejaron poco rastro, pero Dion Casio, historiador romano, cuenta la rendición de los astures: «Tan pronto como fueron rechazados del lugar fortificado que estaban asediando y, tras ello, vencidos en combate, ya no continuaron la sublevación y rápidamente se sometieron». Los romanos también dejaron rastro de su victoria: en lo alto de Curriel.los, los arqueólogos encontraron restos de hogueras. Encendían fuego por las noches porque no les importaba ser vistos. Ya no había enemigo.
                                                           

             Gausón l'ástur  "¡Oh nobles y sobeyosos asturianos, a quien los romanos apenes pudieron vencer, entá dempués de vencíu Gausón.!" 

 FUENTE: 

Via Romana de La Carisa – Pendilla – Boo

 



La vía romana de la Carisa, corresponde al trazado de uno de esos caminos de origen prehistóricos que se adentra en Asturias desde la meseta leonesa, atravesando la barrera montañosa de la Cordillera Cantabrica.
Al igual que el vecino camino romano de la Mesa, esta privilegiada calzada estaba considerada como la más tradicional y transitada dentro de las posibilidades orográficas que presentaba la región.
De manera singular el itinerario de esta vía, discurre entre las cuencas del Bernesga en León y el Caudal en Asturias, por la cumbrera del Cordal de Carracedo y Sierra de Ranero y a caballo de los valles de Aller y Lena; dominando desde las alturas majadas, valles y aldeas.
Nuestro recorrido se inicia en el pueblo leonés de Pendilla a 1337 m de altitud, siguiendo la traza de la pista de tierra que valle arriba nos lleva a la Collada Propinde.
Continuamos hacia la majada Cueña Fierros, localizada a una altitud de 1600m sobre la plataforma herbosa al abrigo de la ladera occidental del Pico Tres Concejos. Más adelante el Mayau Fierros, un oasis vegetal con ruinas de barias cabañas pastoriles. Nos dirigimos a la Cruz de Fuentes, amplia collada localizada a 1691 m, que delimita territorios de Aller y Lena.
A partir de aquí la vía romana de la Carisa discurre sin apenas altibajos por lo más elevado del Cordal de Carracedo. Cruza lugares singulares como: La Boya, El Acíu, Carracedo, La Róbliga, Chagüezos, Espines…
En la majada Espines, un vello rincón salpicado de acebos y espineras se eleva hacia poniente el Pico Espines una de las montañas mas significativas del cordal; iniciamos un descenso por una de las numerosas variantes de la vía romana de la Carisa que nos lleva al pueblo de Boo, con un rico patrimonio histórico y arquitectónico, en el concejo de Aller.

               Vía romana de La Carisa http://www.montesdeasturias.com


      Otro plano de la Vía Romana  viacarisa.com

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Villamanín quiere excavar el tramo leonés de la vía romana de la Carisa.

Fundamental para Roma desde el punto de vista estratégico y militar, fue el ramal norte de la vía de la Plata y la salida marítima de las tropas hacia Britannia


http://www.diariodeleon.es
Su importancia fue radical. La vía Carisa se creó en el siglo I, durante la fase de conquista, como la ruta de penetración romana hacia el Cantábrico y se convirtió después en el trayecto principal de comunicación entre la meseta y su salida al mar. Durante cuatro siglos fue vital para Roma, puesto que no había otra manera de acceder al puerto de Gijón, el antiguo Noega, cuyo nombre romano aún se desconoce. Y es que Carisa era el ramal norte de la Vía de la Plata y su importancia es tal que en estos momentos es objeto de una investigación que desarrolla la catedrática de arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid Carmen Fernández Ochoa. Por eso resulta extraño que aún no se haya estudiado su vertiente leonesa. Para subsanarlo, el alcalde de Villamanín, el popular Óscar Gutiérrez, solicitará a la Junta ayuda para iniciar las excavaciones en el cerca de kilómetro y medio a lo largo del cual se extiende La Carisa en su municipio. «En breve enviaré una carta al Jefe Territorial de Cultura para poner en marcha el plan de puesta en valor», manifiesta el regidor. Asimismo, Óscar Gutiérrez espera estudiar proyectos comunes con los ediles de Aller y Lena, en Asturias. «Si nos unimos, seremos más fuertes», dice.

Hacia Britannia. La vía Carisa es importante por varias razones. En primer lugar porque comunicó durante varios siglos la base militar más importante de la península (el campamento de la Legio VII) con el cantábrico. Es decir, fue la conexión estratégica y militar del Imperio entre la Península y el norte de Europa. Ángel Morillo, profesor de Arqueología romana de la Universidad Autónoma de Madrid, destaca que por esa razón el campamento se ubicó en León. «Era la salida natural al mar desde la meseta, el ramal norte de la Vía de la Plata», explica y añade que por esta ruta pudieron partir tropas que luego se trasladaban hasta Britannia.
Por otro lado, hay que subrayar que en esta zona se descubrieron los restos de un campamento romano levantado en torno al año 25 antes de Cristo y justo enfrente, los vestigios de una muralla de 200 metros de longitud levantada entre los siglos VII y VIII, durante la Reconquista.

 Imagen de las excavaciones en la vía Carisa. j. r silveira/la nueva españa

FUENTE:  Cristina Fanjul
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Guerras Astur-Cántabras.
                           Bellum Cantabricum et Asturicum la Conquista de Hispania

http://es.wikipedia.org

Se conoce como Guerras Astur-Cántabras (29 a. C.-19 a. C.) a los enfrentamientos entre el Imperio romano y los distintos pueblos astures y cántabros que habitaban el territorio conocido ya por los antiguos romanos como Cantabri, en el norte en la Península Ibérica.
Los enfrentamientos mantenidos por Roma contra los diversos pueblos del Norte hispano (cántabros y astures principalmente) representaban la culminación de la larga conquista de la Península Ibérica. La resonancia de estas guerras sobrepasó a la de gran parte de las emprendidas por el Estado romano a lo largo de su historia. La razón de ello no hay que buscarla en el ámbito estrictamente militar, sino en el alcance político que se le concedió a la conquista del Norte peninsular, única operación dirigida personalmente por el emperador César Augusto.
"En el occidente estaba ya en paz casi toda Hispania, excepto la parte de la Citerior, pegada a los riscos del extremo del Pirineo, acariciados por el océano."
Lucio Anneo Floro, historiador romano del siglo I

Contexto geográfico e histórico

Desde aproximadamente el año 50 a. C., solamente los cántabros y los astures mantenían la independencia frente a Roma, aunque ocasionalmente se enrolaban en las tropas auxiliares romanas, como consta para el propio año 50-49 a. C., durante las guerras civiles, al servicio de Pompeyo. El resto de los pobladores de la península ya habían sido sometidos, o bien se habían adherido voluntariamente a los romanos.
No es fácil precisar el escenario de la contienda, pero hay datos que apuntan a que en el inicio se extendió hasta tierras astures al menos durante los primeros años de esta. Dos años después de comenzada, en el 27 a. C. y en plena campaña militar, se produce un hecho determinante. La península ibérica se divide en tres provincias, en vez de las dos que se conocían hasta entonces. Hispania queda así dividida en la Baetica, la Lusitania, de nueva creación, y la Tarraconense. Este hecho tiene gran importancia para realizar una contextualización geográfica correcta:
En primer lugar, la división se produce, precisamente, como consecuencia y en mitad de la guerra. Al mismo tiempo se da la circunstancia de que Asturiae y Gallaecia (Asturias y Galicia) quedan encuadradas en la provincia de Lusitania, mientras que Cantabria queda encuadrada en la provincia Citerior, bajo el control directo del emperador César Augusto que se presenta, precisamente ese mismo año (27 a. C.), en tierras cántabras. Este hecho implica expresamente que Cantabria no se consideraba aún una tierra pacificada y que, por lo tanto, necesitaba tropas bajo el gobierno del legatus augusti propaetore para ser pacificada. Es más, desde el año 26 a. C., el historiador Floro sólo menciona a cántabros como contendientes y es a partir de esa fecha cuando Roma despliega todo su poderío militar en la región.
En cualquier caso el teatro de operaciones quedaría dividido en dos, con Asturias, León y zonas de Zamora y Galicia a un lado, y Cantabria, norte de Palencia y norte de Burgos al otro. En este contexto el escenario sería atendido independiente y simultáneamente por dos legados diferentes, siendo el propio Augusto el que quedaba con el control de la Guerra contra los cántabros que duraría siete años más.
En ese contexto histórico, los pobladores cántabros, por el Oeste, llegaban hasta el actual Río Sella, hoy en territorio asturiano, bajando hacia el Sur hasta sus fuentes en el Valle de Sajambre; por el Sur sobresalía la ciudad naturalmente fortificada de Peña Amaya (hoy en tierra de Burgos) y por el Este sus límites llegaban hasta la ría de Oriñón, desembocadura del Río Agüera, entre las poblaciones de Guriezo y Castro Urdiales, próximas al actual límite con Vizcaya, entonces territorio autrigón (ver mapa contiguo).
Terminadas dichas guerras se puede dar por finalizada la conquista de Hispania por los romanos.


Operaciones militares romanas llevadas a cabo durante la guerra en los dos frentes contra cántabros (Bellum Cantabricum) y astures (Bellum Asturicum). 
     Campaña de Décimo Junio Bruto   del año 137 a. C.      Campaña de Julio César del año 61 a. C.      Campaña del año 25 a. C.       Campaña del año 26 a. C. 

                                                                  Guerrero Astur
Antecedentes
Las primeras apariciones de los cántabros en el contexto histórico de las guerras de Roma en Hispania es muy anterior al de las propias Guerras Cántabras, puesto que los cántabros se empleaban como mercenarios en diferentes conflictos tanto dentro como fuera de la península. De éste modo, nos encontramos con que años antes del comienzo de las Guerras Cántabras, el ejército romano ya tenía conocimiento del carácter guerrero de los pueblos del norte de la península. Existe constancia de que participaron en la guerra de los cartagineses contra Roma durante la Segunda Guerra Púnica:
Ya para entonces hallábase prevenido Aníbal, habiendo sacado de nuestro país tropas con que guarnecer puntos débiles de África, y trayendo acá otras huestes africanas al mando de su hermano Asdrúbal: reunió al par en Cartagena un ejército compuesto de más de 100.000 soldados de infantería, 12.000 jinetes y 100 elefantes, hallándose entre aquellas tropas numerosos cuerpos de soldados españoles asalariados, a los cuales debió algunas de sus victorias. A la cabeza de esta gente, cuya mayor parte componían nuestros peninsulares sobrios, ágiles e infatigables, se lanzó, en el año 537 de Roma, a llevar la guerra al corazón mismo de Italia, muy contra la esperanza de los romanos que creían iba a circunscribirse la lucha a las comarcas de España y de Sicilia. En el ejército de Aníbal ocupaban el primer lugar entre la multitud hispana los entonces indómitos cántabros, según lo manifiestan Silio Itálico (libro III), y Quinto Horacio Flacco (lib. IV, oda XIV).
Don Manuel de Assas. Crónica de la Provincia de Santander. 1867.
También parece constatada su intervención ayudando a los vacceos de la Meseta norte contra los romanos en el año 151 a. C. Y así mismo son mencionados de nuevo durante el sitio de Numancia:
Quinto Pompeyo Rufo, a poco de haber tomado el mando de la España Citerior, rompió con la ciudad de Numancia la paz estipulada en los tratados hechos con Tiberio Sempronio Graco, pretestando haber los numantinos dado asilo a los habitantes de Segeda que, en tiempo de Viriato, habían auxiliado a tan célebre caudillo español y tremendo enemigo del pueblo romano. Los de Numancia, dirigidos por el valiente y diestro jefe Megara, se defendieron tan hábil y denodadamente, que Pompeyo Rufo, concluido el período de su mando, dejó en pie la guerra, y a Popilio al frente del ejército. Popilio continuó la lucha, pero con tal desgracia, que se vio derrotado por sus aguerridos y heroicos contendientes. Sucedióle en el mando el cónsul Cayo Hostilio Mancino, el cual sitió a Numancia, y después de haber sufrido grandes pérdidas con las impetuosas salidas de los habitantes, tuvo noticia de que los cántabros y los vacceos marchaban a socorrer a los de la ciudad. No atreviéndose a esperarlos, huyó levantando sigilosamente durante la noche su campamento.
Don Manuel de Assas. Crónica de la Provincia de Santander. 1867.
También se cree que hubo presencia de guerreros cántabros en las Guerras Sertorianas o su intervención junto a los aquitanos en las guerras contra Julio César para defender las Galias. Según el propio testimonio de César, hubo tropas cántabras en la batalla de Ilerda (Lérida) en el año 49 a. C.
Con todos éstos antecedentes, los cántabros empezaban a sonar ya en todo el Imperio romano. Las tropas romanas llegaron a perder un estandarte, cosa inexplicable y una de las mayores humillaciones para una legión en ese periodo. Algunos historiadores romanos justificaron esta campaña, no obstante, como respuesta a las incursiones que los cántabros realizaban en las tierras de la Meseta habitadas por pueblos ya sometidos a Roma. Ciertamente parece más probable que estuvieran interesados en las riquezas minerales de la zona (oro y plata en el país astur, hierro, plomo, magnetita, blenda y cobre en el cántabro).
Como indicábamos anteriormente, en la primavera del 26 a. C., el mismo emperador en persona, César Augusto, abrió las puertas del templo de Jano (símbolo de estado de guerra) y se dirigió a Hispania, estableciendo su base de operaciones en Segisama, actual Sasamón, (Burgos)
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Soldados romanos

Ejércitos y estrategias

La primera intervención importante de Roma contra los pueblos del Norte de la Meseta, la protagoniza en el año 29 a. C., Statilio Tauro, quien recibe de Augusto el título de imperator, por someter a cántabros, astures y vacceos. En los dos años siguientes se reanudan las hostilidades consiguiendo Calvisio Sabino y el procónsul Sexto Apuleyo sus triunfos respectivos al mando de las tropas. Pero estas victorias debieron ser más oficiales que reales, ya que los pueblos del Norte continuaban independientes; al menos, los cántabros, que, según los textos más antiguos, eran los más rebeldes. Ello motivó que el propio Augusto se trasladara a Hispania y al frente de los ejércitos iniciara la importante campaña del año 26 a. C. contra los cántabros.
Según el historiador romano Dión Casio la táctica de cántabros y astures consistía en una guerra de guerrillas, evitando la acometida directa sobre las fuerzas romanas conscientes de su inferioridad numérica, su inferior armamento y la invulnerabilidad táctica de las legiones romanas en campo abierto. Su mejor conocimiento de un territorio abrupto y montañoso les permitía ofensivas rápidas y sorpresivas mediante el uso de armas arrojadizas, con emboscadas y ataques de gran movilidad seguidos de un ágil repliegue, que causaban graves daños a las fuerzas romanas y a sus líneas de abastecimiento.
Según ha quedado constancia por representaciones en monedas y estelas, los cántabros manejaban con habilidad el armamento ligero y así lo señala el poeta Lucano cuando dice:
Cantaber exiguis et longis Teutonus armis. El cántabro con sus pequeñas armas y el teutón con sus armas largas.
Marco Anneo Lucano. Phars., VI, 259
Iban provistos con espada pequeña, puñal, dardos o jabalinas, lanzas, escudos redondos u ovalados de madera, petos de cuero o lino, gorros de piel con tiras de nervios así como con la falcata ibérica y la bipennis, arma esta última que consistía en un hacha de doble filo claramente definitoria de los pueblos del norte de Hispania. No queda constancia del uso del arco y la honda, aunque es muy probable que la conociesen y utilizaran.
Los cántabros eran hábiles a la hora de montar a caballo como lo refleja el hecho de que algunas de sus tácticas de caballería pasasen a ser empleadas por el ejército romano tales como el circulus cantábricus, consistente en una formación de caballería en semicírculo, y el cantabricus impetus, ataque frontal y masivo contra las líneas enemigas con el fin de deshacerlas, descritas por Flavio Arriano. La caballería era muy importante para los cántabros, que se organizaban para luchar a pie y a caballo. Representaba el 20 o 25% de sus fuerzas, mientras que para los romanos era solo un 10 a 14% del total del ejército y poseía un papel secundario.
Las fuerzas de los locales eran al menos al principio de la guerra comparables a las romanas, no se sabe exactamente cuántos eran, aunque los cálculos de Schulten son de 240.000 astures, de estos 80.000 a 100.000 serían capaces de luchar. Los cántabros en cambio sumaban 160.000 a 200.000 personas, y 40.000 a 50.000 eran guerreros.
Según las fuentes el ejército romano se dividió en dos partes, la mayor atacaría a los astures por ser más numerosos, la menor a los cántabros. La calidad del enemigo cántabro fue tal que obligó a Augusto a destacar en el conflicto a varias legiones en distintos momentos de la contienda:

                             Legión romana

Guerra contra los cántabros
  • Comandantes:
    Emperador Augusto (29 a. C.-26 a. C.)
    Cayo Antistio Vetus (26 a. C.-24 a. C.)
    Lucio Emilio (24 a. C.-22 a. C.
    Cayo Furnio (22 a. C.-19 a. C.)
    Publio Silio Nerva (19 a. C.)
    Marco Vipsanio Agripa (19 a. C.)
  • Legiones:
    Legio IV Macedonica
    Legio I Augusta (tras una derrota perdió su sobrenombre Augusta en el 19 a. C. por el de Vernacula)
    Legio II Augusta
    Legio IX Hispana
    Legio XX Valeria Victrix (posiblemente llegó por mar desde Aquitania)
  • Auxiliares:
    Ala Augusta
    Ala Parthorum
    Cohors IV Thracum equitata
    Ala II Thracum Victrrix ciuium Romanorum
Guerra contra los astures
  • Comandantes:
    Publio Carisio (29 a. C.-22 a. C.)
    Cayo Furnio (22 a. C.)
  • Legiones:
    Legio VI Victrix
    Legio X Gemina
    Legio V Alaudae
  • Auxiliares:
    Ala II Gallorum
    Cohors IV Gallorum
Las naves de guerra romanas se movían a vela y a remo,co una,dos o tres filas de remos. Las naves llevaban en la proa,al nivel del agua,unos espolones que se intentaba horadar a los barcos enemigos.
En cada nave iban unos 50 marineros,unos 300esclavos remeros y 120 de infantería.


También participó la marina romana con la Classis Aquitanica, que llegó a las costas cántabras enviada desde Aquitania y desembarcó en Portus Blendium (Suances). Esta sería determinante en la resolución del conflicto puesto que completó el cerco a los cántabros iniciado por las tropas desplazadas en tierra. Se calcula que, en total, el ejército romano destacó unos 70.000 hombres, aunque estos cálculos varían según los autores, dado que el cálculo se basa en 5.000 hombres por legión. Incluso es probable que la cifra sea superior a los 80.000 hombres contando a los auxiliares puesto que, tras la reforma de Cayo Mario, la legión pasó a tener 6.000 soldados, aunque si bien una legión, en época de Augusto, estaba oficialmente compuesta por 6.200 hombres, por diversas circunstancias, la cifra solía oscilar entre los 5.000 y los 8.000 soldados.
En el 25 a. C., Augusto entrega a los astures de Brigantum el campamento de Asturica Augusta en premio por su ayuda. Además reparte tierras en los llanos a los aliados. No obstante, los astures se unieron posteriormente a los cántabros en la defensa común. El emperador Augusto, un año después de su llegada, hubo de retirarse a Tarraco, presumiblemente debido a una enfermedad. La contienda duró más de diez años.
Éstas y las campañas contra los ilirios en el 35-33 a. C., fueron las únicas que dirigió personalmente Augusto contra pueblos bárbaros. Con la conquista efectiva de Gallaecia y Asturica, la guerra pareció terminada. Una vez licenciados algunos de los soldados de sus legiones, Carisio fundó en el mismo año 25 a. C. la colonia Emerita Augusta (Mérida), acuñando una moneda conmemorativa de la fundación y de sus victorias del Norte.
En el año 24 a. C. los cántabros y astures reanudan las hostilidades, si bien con sus fuerzas gravemente debilitadas. Ese año, el nuevo gobernador de la Tarraconencese, L. Elio Lamia, llevó a cabo una cruel represión contra estos pueblos, ya que habían atacado a las tropas romanas atrayéndolas a una emboscada bajo la promesa de provisiones.
Es sustituido en el año 22 a. C. por Cayo Furnio, quien en un principio se pareció a los indígenas, al ser poco experto en cuestiones militares. La nueva acción parte de los astures descontentos con el control militar del gobernador de la Lusitania y arrastran a los cántabros, que, en una operación independiente, son sometidos por Furnio. Posteriormente, este último debe acudir con ayuda del legado de la Lusitania para pacificar a los astures.

Principales batallas

La mayoría de las batallas importantes fueron libradas entre el 26 y el 22 a. C., siendo esta la época de mayor intensidad de la guerra. Las principales batallas fueron:
  • Peña Amaya y Monte Bernorio, en el año 26 a. C. Augusto estaba al mando de los romanos.
  • Bergidum, ciudad astur, conquistada en el 26 a. C.
  • Bergida o Vellica, gran batalla en Monte Cildá; Valberga (Riaño, León); o la llanada de Mave (Palencia), en el verano del 26 a. C.
  • Lancia, en la primavera del año 25 a. C. En esta batalla, un gran ejército formado por astures de diferentes tribus es derrotado.
  • Sitio del Monte Vindio, en el otoño del 25 a. C. La mayoría de los cántabros refugiados en los riscos perecen de hambre y frío al llegar la nieves.
  • Aracillum, en el invierno del 25 a. C., esta fue, probablemente la batalla más importante de las guerras cántabras, el castro, que ofreció una resistencia heroica fue rodeado por tres campamentos y tomado por Antistio, con 5 legiones a su mando.
  • Cerco de Monte Medulio, 22 a. C. Los cántabros rodeados por un cerco de 15 millas, prefieren la muerte antes que la esclavitud.

Finalización del conflicto

A diferencia de otros conflictos similares, el Imperio romano optó por no hacer prisioneros, lo que supuso la eliminación de los cántabros en edad militar. Según Dión Casio:
"De los cántabros no se cogieron muchos prisioneros; pues cuando desesperaron de su libertad no quisieron soportar más la vida, sino que incendiaron antes sus murallas, unos se degollaron, otros quisieron perecer en las mismas llamas, otros ingirieron un veneno de común acuerdo, de modo que la mayor y más belicosa parte de ellos pereció. Los astures, tan pronto como fueron rechazados de un lugar que asediaban, y vencidos después en batalla, no resistieron más y se sometieron en seguida."
Dión Casio, historiador romano del siglo II
Era costumbre de los guerreros cántabros el suicidio antes que la esclavitud. Bien por la espada, bien por el fuego o, principalmente, envenenándose con pócimas hechas con semillas de tejo, árbol mítico celta, que llevaban preparadas al efecto. Así lo recoge Silio Itálico en su descripción sobre las costumbres de los cántabros alistados en el ejército de Anibal:
"El cántabro, invencible ante el frío, el calor y el hambre, se lleva antes que nadie la palma en toda clase de trabajos. ¡Admirable amor a su pueblo! Cuando la inútil edad senil comienza a encanecerle, pone fin a sus años, ya no aptos para la guerra, envenenándose con el tejo. Para él es imposible vivir sin la guerra, pues toda la razón de su vida la pone en sus armas, considerando un castigo vivir para la paz."
Silio Itálico (III, 326-331)
Estrabón decía que despreciaban la muerte y el dolor, hasta el punto de seguir cantando sus himnos de victoria aún después de crucificados. Para ellos, según Estrabón, morir como guerreros y libres era una victoria.
La guerra se puede dar por finalizada en el 19 a. C., aunque se tiene constancia de rebeliones menores posteriores. La región fue devastada y los castros destruidos e incendiados, deportándose masivamente a la población y trasladándola a las llanuras. Roma, al igual que hizo en otros territorios, quiso imponer sus reformas. No tuvo demasiado éxito debido al fuerte carácter del pueblo cántabro. A pesar de ser masacrado y obligado a bajar al llano, los romanos tuvieron que dejar dos legiones durante unos sesenta años más (la X Gemina y la IV Macedónica).
Tras las guerras cántabras y el sometimiento de cántabros por Roma, las legiones romanas adoptaron de ellos la simbología solar de cruces gamadas y símbolos lunares, o solares, tales como el lábaro cántabro (en la imagen) que portarían hasta 300 años después. El ejército romano copió de los cántabros también tácticas de caballería como las que dio en denominar el circulus cantabricus y el cantabricus impetus, anteriormente mencionadas.

 
Campamento romano - La Carisa

Evidencias arqueológicas

  • Conjunto Arqueológico formado por los yacimientos de La Espina del Gallego, Cildá, el Cantón y Campo de Las Cercas: el Castro de la Espina del Gallego entre Corvera de Toranzo, Arenas de Iguña y Anievas tiene 3,2 hectáreas. Fortaleza cántabra rodeada por tres murallas, la mayor de ellas de unos dos metros y medio de anchura. En él han aparecido las primeras evidencias arqueológicas de las Guerras Cántabras, así como de los campamentos romanos (Cildá, El Cantón, Campo de Las Cercas), muy bien conservados, que lo asediaban.
  • Campamento romano de La Carisa, en Lena (Asturias)
  • Sierra de las Médulas (León), uno de los muchos posibles escenarios de la batalla del Monte Medulio
  • Castro de Prellezo
  • Asedio del Castro de La Loma
  • Campamento romano de Pisoraca
  • Campamentos romanos de Castillejo y La Muela
  • Castro del Cerro de la Maza

Festividades

En la actualidad, estos eventos son representados en varias festividades de la región cántabra. Una de las más importantes es la fiesta lúdico-cultural de las Guerras Cántabras que se desarrolla en el municipio de Los Corrales de Buelna el último fin de semana de agosto y el primero de septiembre. La fiesta es de marcado carácter histórico, y a pesar de ser instaurada hace pocos años, se ha asentado y cuenta con la participación activa de más de 1.800 personas, las cuales se dividen en 13 tribus cántabras y 13 legiones romanas. De esta forma, representan el desembarco de las legiones romanas en Santander, igualmente recrean una boda cántabra y los campamentos de ambos bandos. Desde 2008 esta festividad está considerada de interés turístico nacional.
También en la antigua Asturica Augusta, hoy Astorga, se recrean estos acontecimientos, en la fiesta de "Astures y Romanos", que tiene lugar anualmente el último fin de semana de julio, contando con un mercado astur-romano, así como con una recreación del campamento de ambos contendientes. Además desde hace algunos años se celebra en Carabanzo, el festival astur-romano de La Carisa, donde se rememoran las guerras mantenidas por las tribus locales con las legiones imperiales de la Roma augusta en su avance por la vía de La Carisa hacia la Asturias Transmontana.


FUENTE:  http://es.wikipedia.org

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